Esquel, jueves 23 noviembre de 2017

El matrimonio mapuche que logró ganarle a Benetton

La primera y única vez que Rosa Rua Nahuelquir 57 y su esposo Atilio Curiñanco 66 se encontraron con Luciano Benetton no fue en la Patagonia sino en Roma. El magnate italiano, dueño de un imperio.

El matrimonio mapuche que logró ganarle a Benetton


La primera y única vez que Rosa Rua Nahuelquir (57) y su esposo Atilio Curiñanco (66) se encontraron con Luciano Benetton no fue en la Patagonia sino en Roma. El magnate italiano, dueño de un imperio que factura más de US$ 11.000 millones anuales y posee 900 mil hectáreas en el sur, les pareció un hombre pálido. “Demasiado blanco”, apuntan.

El encuentro fue el momento cumbre de una disputa que hoy los tiene, en la práctica, como ganadores. Son una rareza en el universo jurídico internacional. Después de décadas de trámites, juicios y expulsiones, esta familia mapuche consiguió extirparle a un gigante una de las flores de su preciado jardín, de modo pacífico.

Era mediados del 2004 y Rosa y Atilio estaban en un palacio de la capital de Italia para hacerle entender al millonario que las tierras que ocupaban en Leleque (Chubut) y que figuraban a nombre de su empresa Compañía de Tierras Sud Argentino S.A., en realidad, les pertenecían a ellos.

Se trataba de 535 hectáreas de monte y coirón barridos por el viento que habían quedado en manos del millonario en una operación que se remontaba a 1991 e implicaba manejos de la provincia de Chubut y la Estado argentino. La pareja indígena tenía razones para reclamar esa fracción que bautizaron Santa Rosa.

Fue en 2002 que el matrimonio decidió hacerle caso a su historia personal y ocupar un territorio que sentían como propio. Sus tatarabuelos, sus bisabuelos, sus padres y ellos mismos habían nacido en rucas y ranchos del sector. Antes de establecerse consultaron a la Dirección de Catastro provincial y les informaron que toda la zona era fiscal. Ningún funcionario en Chubut les mencionó el apellido Benetton.

Con muy poco dinero y mucha voluntad levantaron una cabaña y un corral con 20 gallinas. Ese mismo año, con una orden de la Justicia, la Compañía de Tierras Sud Argentino S.A. logró su desalojo. Fueron sacados a empujones por la Policía y sus esfuerzos se volvieron cenizas.

Dio inicio una extensa y accidentada historia de disputas que sigue hasta hoy. Curiosamente o no, y bajo la sombra del referente indígena radical Facundo Jones Huala, los Nahuelquir-Curiñanco, nunca realizaron acciones violentas contra el empresario. Una y otra vez acudieron a los Tribunales de Esquel para reclamar su lugar en el mundo.

Cuenta la pareja que , cansado de la insistencia, Benetton optó por entrevistarse con ambos para dirimir el conflicto. “Nos recibió en Roma, antes de entrar nos revisaron el cuerpo y la ropa para ver que no teníamos armas. Estaban sus hijos, sus hermanos, su hermano Carlo”, recuerda Rosa en su cálida casa, temperada con fuego y leña de los alrededores. “Hablábamos a través de un intérprete que le iba contando lo que que queríamos. Hasta que en un momento el hombre se cansó y dijo: ‘mire, yo no entiendo nada de lo que pretenden, no entiendo el conflicto mapuche. No entiendo, no entiendo’”, continúa la mujer de pelo negro y 1,50 de estatura. “Ahí fue que me enojé, me acerqué, lo miré a los ojos y le dije: usted sí que entiende, no se haga el tonto, usted sabe que esa tierra es nuestra”, relata.

Según la pareja, el rey de la moda se sintió interpelado y sentenció en castellano: “Esto tiene que terminar ahora mismo, voy a levantar el teléfono y lo voy a resolver”. Siempre según el mismo relato, Benetton hizo la llamada, habló con alguien en italiano y de inmediato prometió movilizar a sus abogados para que 2.500 hectáreas de la zona de Leleque fueran “donadas” a los mapuches a través de la provincia. “Listo, dijo, arreglado. Y cuando le pedimos que firmara ahí mismo un papel se molestó. ¡Yo no firmo nada, mi palabra vale más que un papel! ”.

De todos modos, la donación nunca se efectivizó: la Provincia la rechazó al considerar esas tierras improductivas. Y la pelea siguió en los tribunales. El 30 de mayo de 2004, el juez Jorge Eyo de Chubut dictaminó que las tierras no eran fiscales y que efectivamente pertenecían a los Benetton. Pero sorpresivamente, también estableció que Rosa y Atilio no podían ser considerados “usurpadores”. La situación quedó en vacío legal que mientras tanto los favorece. “No fuimos considerados usurpadores pero tampoco dueños de la tierra. El juez debe haber estado muy presionado. Cómo transpiraba ese pobre hombre. Para mí porque sabía que no era justo con nosotros”, indica Rosa.

A partir de ese momento, los intentos judiciales en Esquel del matrimonio se redoblaron. En 2007 decidieron volver a Santa Rosa con tres vacas, tres gallinas, un caballo de 20 años y otro de 10. Construyeron una casa más amplia y multiplicaron sus actividades rurales. A construir los ayudó el propio Jones Huala quien después se distanció de ellos al iniciar su lucha armada.

“Han venido a tratar de convencernos de que nos vayamos, nos dicen que se van a acabar los juicios, que hay otras tierras, pero nosotros nacimos ahí no más, ahí”, dice Rosa e indica con su dedo unos montes pelados y crueles ubicados a un kilómetro de su ventana.

La mujer explica que la violencia no forma parte de su credo. “Aprendimos otras cosas nuestros padres y abuelos. La resistencia pacífica, la sabiduría, el tesón. Hemos sufrido desalojos, perdimos todo lo que hicimos ya una vez, pero nos levantamos”, subraya. “Uno sabe, uno aprendió de los antiguos. A veces creo que debería escribir un libro, contar nuestra historia, pero es difícil. No somos escuchados aunque tenemos sabiduría”, señala su marido.

En 2014 el INAI reconoció a la familia Nahuelquir-Curiñanco como poseedores del área en disputa. Su título de propiedad era su presencia ancestral. Dos años antes les había otorgado un subsidio para instalar su hogar. Sin embargo, el conflicto continúa en los tribunales provinciales y aún no tienen agua ni electricidad.

Los italianos apelan a la existencia de un “título de donación” de 900 mil hectáreas, de 1896, con firma del presidente José Uriburu, a un grupo de 10 estancieros. La Compañía de Tierras Sud Argentina S.A. se conformó en este contexto con capitales ingleses. En 1975 pasó a manos de empresarios argentinos y en 1991 fue adquirida por Edizione Real State, inmobiliario del grupo textil.

“Mi padre nació justo donde hoy está el casco de la estancia de Benetton. Ahí se crió”, relata Atilio. Mira a lo lejos. Entrecierra unos ojos oscuros y curtidos. Guarda silencio. Se da vuelta hacia donde lo espera su mujer. “¿Un mate, Atilio?, ofrece ella.

Fuente: Clarin


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