El episodio por el que está acusado Jones Huala en Chile

El expediente de la causa describe cómo tres mapuches encapuchados quemaron una vivienda de una chacra. Mañana se definirá la extradición de Jones Huala.

Poco antes de la medianoche del 9 de enero de 2013, Alberto Riquelme Paillan, cuidador de la chacra Pisu-Pisué, estaba con su familia a punto de cenar. Este hombre de 55 años era el cuidador de un campo de 400 hectáreas, que es propiedad de Joaquín Biewer Piwonka, quien lo heredó de su abuela.

Por 26 años, Riquelme Paillan trabajó en ese emprendimiento modesto dedicado a la cría de ovejas, en una zona donde las comunidades mapuches comenzaron a tomar tierras desde 2009, hasta que tres encapuchados arruinaron su vida.

La fiscalía de Valdivia (Chile) sostiene que entre los atacantes se encontraba el líder mapuche Facundo Jones Huala, cuya extradición se definirá mañana.

Según consta en el expediente de la Justicia chilena sobre la investigación de ese atentado, que terminó con todos los imputados absueltos, salvo “la machi” Millaray Huichalaf, acusada de encubrimiento, a esa hora de la noche, en esa casa humilde de madera de 90 metros cuadrados, que habitaba desde hace mucho tiempo la familia del puestero Riquelme Paillan, también mapuche, había cuatro adultos y cuatro niños: Verónica, de 12 años; Cristina, de 6; un chico de 5, y una beba de 9 meses. Todos esperaban cenar, cuando irrumpieron tres hombres encapuchados.

La investigación de la fiscalía afirma que los atacantes eran Fennix Delgado Ahumada, Jones Huala y Cristian García Quintul, quienes "estaban encapuchados y vestidos con ropas oscuras del tipo militar y botas, y tenían armas de fuego cortas".

Luego, el fallo del tribunal absolvió a los tres mapuches chilenos porque ninguna de las víctimas los pudo reconocer. Jones Huala no se presentó al juicio; si lo hacía probablemente hubiese resultado beneficiado.

En el juicio de extradición que se realizó el martes pasado en Bariloche, Huala negó haber participado de ese ataque, aunque reivindicó los "sabotajes". Y lanzó frases amenazantes: "ataquen que el vuelto no va a ser con caramelos".

Cuando Riquelme Paillan fue hasta una bodega en busca de un cuchillo para cortar el asado detrás del cerco vio a los tres encapuchados. Uno de ellos lo redujo, mientras que los otros dos "irrumpieron violentamente" en la casa. El hombre que lo ató le dijo que lo conocía señalándole que era mapuche.

A Riquelme Paillan lo llevaron a la casa principal, donde lo ataron junto a su yerno, Jaime Montes. El resto de la familia, incluidos los niños, quedaron "reducidos" en la habitación principal. Los encapuchados registraron la casa "en busca de una escopeta", mientras los niños lloraban desesperadamente.

"Nosotros te conocemos, huevón, y metete donde está tu familia", le gritó a Riquelme Paillan uno de los atacantes. Luego lo tiró al piso, atado de pies y manos.

"Mis hijas estaban llorando", recordó Riquelme Paillan. Les decían -según consigna el fallo- que "no trabajaran para los huincas, que no tenían que estar ahí, porque no había que trabajar para los ricos".

Luego, todos fueron sacados de la casa mientras un hombre de baja estatura los apuntaba con un arma. Les dijeron que podían retirar las cosas de valor de la casa, como un lavarropas, una heladera y un microondas para salvarlos de lo que vendría.

Los encapuchados les reiteraron que "el tema no era con ellos y que eran mandados por otra persona". Las mujeres presumían que les iban a quemar todo. Y eso ocurrió. Verónica, de 12 años, le preguntó a uno de los encapuchados por qué hacían eso y le respondió "que igual ella era mapuche".

Luego uno de los dos atacantes más altos fue en busca de un bidón blanco y roció con un líquido negro las ventanas y cortinas de la casa, y lanzó una antorcha encendida hacia el interior.

En menos de 15 minutos la casa y el galpón quedaron hechos cenizas. Antes de huir, se llevaron los teléfonos celulares de casi todos, y pincharon la cubierta del auto. Se fugaron rumbo al norte haciendo disparos al aire.

La esposa de Riquelme Paillan tenía su celular oculto en un zapato. Y pudo llamar a los carabineros y al dueño de la chacra. Los bomberos llegaron media hora después, pero ya no quedaba nada en pie. A esa familia humilde, trabajadora, le habían sacado lo poco que tenían.

Riquelme Paillan recordó que después de que se produjera el allanamiento en la casa de Millaray, el 30 de enero de 2013, le volvió a la mente que esa mujer había estado en su casa una semana antes del ataque. Dijo que fue hasta su casa pidiendo ayuda porque estaba perdida. En realidad, según se sospecha, realizaba tareas de inteligencia.

Estaba vestida con una pollera, aros y pelo largo, y les dijo que era testigo de Jehová. El puestero reconoció ante la policía que un bolso verde que fue secuestrado en la casa de la machi lo llevaba uno de los encapuchados el día del incendio.

También identificó otras prendas. En el colchón donde encontraron durmiendo a Jones Huala secuestraron cartuchos de escopeta y una tumbera.

Al puestero el incendio le arruinó la vida, y -según el documento judicial- su familia quedó afectada, con traumas psicológicos severos, sobre todo los niños. Por eso decidió dejar ese lugar que habitó y trabajó durante 26 años.

Los Riquelme Paillan ya habían pasado antes por situaciones complicadas, pero no tan extremas. En dos oportunidades grupos mapuches intentaron tomar esas tierras. Según el puestero, la primera vez ingresaron unas 20 personas de la comunidad mapuche de Torres Chiuca, que tomaron un galpón de la chacra y le dijeron que tenía que cooperar.

El hombre llamó al dueño y los ocupantes luego decidieron salir de la propiedad. En la otra toma un grupo de 60 mapuches estuvieron como un mes ocupando la tierra con vigilancia de los carabineros. Cuando huían dijeron que los había mandado el lonko Rigo Pailanca.

En el juicio que se llevó adelante en Valdivia, la Sala II del Tribunal Oral en lo Penal, presidida Lucía Masrri Ergas e integrada por Ricardo Aravena Durán y Cecilia Samur Cornejo, no encontró "pruebas suficientes" para "inculpar a los enjuiciados".

"Las víctimas no reconocieron a los atacantes", señala el fallo, y respecto de la participación de la acusada Millaray Huichalaf como encubridora "resulta un hecho probado que gran parte de los elementos encontrados en su domicilio fueron reconocidos por las víctimas como aquellos que portaban los encapuchados el día del siniestro".

Fuente: La Nación

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