Coyhaiquino sorprendido con 6 kilos de marihuana fue condenado a cuatro años de cárcel en Argentina
Fue detenido en plena montaña y su cómplice está prófugo. Está recluido en recinto penal de Esquel.
El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia condenó a cuatro años y seis meses de prisión a Daniel Alejandro Soto Osorio, un albañil chileno que intentó contrabandear droga cruzando a pie la frontera entre Argentina y Chile. El sujeto fue detectado por Gendarmería con más de 6 kilos de marihuana. Lo acompañaba Leandro Fabián Zapata Vargas, también chileno. Originario de Coyhaique, el joven está recluido en la Unidad 14 del Servicio Penitenciario Federal de Esquel. El Escuadrón 38 “Río Mayo” de Gendarmería frustró el contrabando el 21 de noviembre de 2013. Varios puesteros de estancias cerca de la Sección Hito 45 habían advertido sobre extraños dentro de esos campos, transitando con dirección a Chile, trasladando bultos y mochilas sospechosos y evadiendo todo tipo de control fronterizo. Con este dato, la Justicia Federal de Comodoro Rivadavia dispuso patrullas a pie y montadas de “Hito 45” y del grupo “El Triana”. Esa tarde de noviembre vieron al dúo en plena caminata en el interior de la estancia “El Triángulo”, departamento Senguer, muy cerca de la frontera. El puestero alertó y orientó a los gendarmes. Osorio y Zapata caminaban sobre la parte superior de la montaña, que da a la parte trasera de la estancia. Se perdían de vista pero los gendarmes –a caballo y a pie- lograron rodearlos. Los tuvieron a 20 metros y les dieron la voz de alto. El dúo desobedeció y corrieron mucho y veloces, hasta que el cansancio de la montaña los venció. Los atraparon muy cerca de la frontera. Se tiraron en el piso tras veinte minutos de persecución. Según los jueces Nora Cabrera de Monella, Pedro de Diego y Enrique Guanziroli, “es evidente que la conducta estaba orientada a la exportación de las sustancias incautadas, desde nuestro país hacia Chile, por un lugar no habilitado y con el claro propósito de sustraerla al control del servicio aduanero”. La droga estaba acondicionada en “ladrillos” y este dato “permite deducir los fines de comercialización a que estaba destinada”.