Esquel: procesaron al médico que pidió un tiro en la cabeza para Bonafini y Carlotto
Se trata del forense Daniel Oscar Roo, quien el año pasado escribió en su cuenta de Facebook en contra de las dirigentes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
El forense Daniel Oscar Roo fue procesado sin prisión preventiva por apología del delito. El médico trabaja en el Poder Judicial de Esquel y en agosto del año pasado publicó un polémico mensaje en su muro de Facebook pidiendo “un tiro en la cabeza” para Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, presidentas de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo respectivamente. Aquel episodio tuvo repercusión nacional. Roo, de 48 años, también fue embargado en cinco mil pesos. El juez federal Guido Otranto precisó que la publicación data del 6 de agosto de 2014: “Bue desde radio insania se informa, cómo puede haber gente que esté feliz, porque esta chicha Carloto encontró a su nieto. No hubiese sido mejor que eduque a su hija, en su momento, de la manera correcta, para que no pase lo que le paso? Realmente no me causa ningún tipo de emoción que esta chica halla encontrado a su nieto. Creo que esta mujer junto con otras más, como la bonafini tendrían que haber sido torturadas y luego ejecutadas con un tiro en la nuca, No son buenos seres humanos, son seres malignos, poseen mucha maldad y resentimiento. Besos a la gente linda. El Gato” (sic). Según comprobó la División de Delitos Tecnológicos de la Policía Federal Argentina, el médico se conectó a su cuenta desde su computadora personal el 6 de agosto cuatro veces, desde su domicilio de calle San Martín. La testigo María Cecilia Bagnato declaró que su compañero de trabajo, Aramiz Ventura, le preguntó si había visto la publicación. “Le sorprendieron las manifestaciones, en particular que alguien que pertenece al Poder Judicial hiciera públicos esos comentarios en un medio social”. Copió y pegó en la red interna el mensaje de Roo y cuando lo quiso volver a ver “lo había sacado”. Ella no integraba la lista de amigos de Roo en Facebook. “Dejó en claro que no tiene ninguna animosidad y hubiera actuado de la misma manera con cualquier funcionario público que hubiese hecho este tipo de manifestaciones”. A Ventura le avisaron de la publicación por teléfono. “Le causó estupor porque era pública y de un funcionario público”. Se enteró el Sindicato de Trabajadores Judiciales en Comodoro Rivadavia y el escándalo estalló. “Consideró que quienes ostentan ciertos cargos deben ser cuidadosos en cuanto a lo que publican. Él no integraba la lista de amigos de Roo en Facebook, pero la publicación era pública y provocó un intercambio de mensajes”. Según dijo, el médico “reconoció que había hecho un comentario desafortunado, que se sentó a escribir, surgió eso y estaba arrepentido”. El comentario generó una discusión de Roo con otros once usuarios de Facebook. “Algunos apoyaban y otros repudiaban”, escribió el juez. El 8 de agosto, un mail difundió el texto en el resto del Poder Judicial. Con una hora de diferencia y también por mail, Roo pidió disculpas: había sido una broma entre sus amigos. La División de Delitos Complejos de la Policía Federal explicó que Facebook sólo revela datos de registración y conexión de los usuarios pero no su cantidad de contactos ni si había restricción para leer sus comentarios. “Sus comentarios en la red podían ser leídos por cualquier usuario de Facebook, dado que algunos de los testigos que advirtieron la publicación no integraban su lista de contactos”, dijo Otranto. Roo escribió la publicación días después de que recuperara su identidad el nieto de Carlotto, Ignacio Guido Montoya. Justificó que cuando comenta algo importante en su muro no comienza con la frase “Desde radio insania se informa…”. La mayoría de sus contactos residen en La Plata, sólo cuatro viven en Esquel y saben que si figura esa presentación, es un chiste. Reconoció que se extralimitó pero no quiso ofender ni lastimar a nadie. Y refirió que una familiar suya fue asesinada durante la dictadura. En Facebook tenía cien amigos. “Cuando tomó estado público borró todos los comentarios, pero en su trabajo se encargaron de hacerlo púbico y difundirlo a los medios, lo cual atribuyó a cierta animosidad en su contra”. El forense usaba la red “para pavear o chatear con amigos en privado y nunca pensó que lo que escribió iba a tomar la dimensión que tomó, dado que era sólo para sus amigos y no para que alguien lo desparrame para todos lados”. Su defensor dijo que los dichos de Roo no refirieron un delito ocurrido sino idea sobre algo que debió pasar pero en realidad no sucedió. “No se realizaron públicamente dado que fueron expresadas en Facebook y compartidas con su grupo de amigos, lo cual no se debe confundir con un anuncio público en internet a pesar de que puedan ser difundidas por otras personas”. Argumentó que el comentario fue privado y sólo se convirtió en público cuando fue difundido por otros. Condenarlo sería afectar su libertad de expresión, privacidad e intimidad. Roo ya había recibido una “pena natural”: “El estigma que genera haber sido declarado persona no grata por el Concejo Deliberante de esta ciudad y la exposición que tuvo en los medios”. El juez lo contradijo: una expresión es “pública” cuando existe la posibilidad de que sea conocida por “un destinatario indeterminado o por alguien no personalmente convocado a recibirla”. Según Otranto, la afirmación de Roo sobre Carlotto y Bonafini “no es una mera expresión de deseo de algo que no sucedió”. La interpretación de una frase no se limita a su sentido “lingüístico y literal”. Es que el comentario se realizó en el contexto de la restitución de la identidad de un hijo de desaparecidos. Al afirmar que dos referentes de asociaciones civiles que reclaman enjuiciamiento y castigo de los responsables de violaciones a los derechos humanos también debieron haber sido torturadas y asesinadas, “es posible deducir que se realizó una alabanza, elogio y aprobación del plan sistemático de represión y eliminación de personas”. La versión de que fue una broma y su pedido de disculpas no coinciden con las expresiones que él mismo realizó en la discusión con otros usuarios de Facebook. Por ejemplo, un comentario en referencia al nieto de Carlotto: “Lástima que tubo el culo de poder abrazarlo antes que se muera, bue por lo menos sufrió treinta y pico de años, y seguirá sufriendo hasta su muerte” (sic). U otro afirmando que no fue un reencuentro más sino uno con “esta vieja hija de puta cargada de maldad”. Para el juez, la apología fue “pública” ya que Facebook es un espacio virtual de interacción entre sus usuarios. Su política de uso de datos indica que la “información pública” es la que decide el usuario pero también aquella siempre disponible al público y cuya difusión no se puede restringir. “Alguna persona de cualquier parte del mundo que ingrese por el ID del usuario podría verla”. El juez explicó que cualquier información que no se transmita en privado por las opciones que brinda Facebook “debe considerarse pública ya que ha sido compartida”. Una publicación sin restringir pasa a estar disponible para todos en la red. “Un comentario que un usuario realizó sin restringir su publicación, si es comentado o compartido por otro usuario que integra su lista de amigos, a su vez se replicará entre los usuarios que integran la lista de amigos de este último, y así indefinidamente”. La publicación de Roo en principio se difundió entre su lista de contactos, “pero fue compartida debido a que no restringió la posibilidad de que se replique en el resto de los usuarios”. El médico no dirigió su comentario a un grupo limitado. “Por el contrario, difundió su publicación de manera indeterminada despreocupándose conscientemente de ese alcance”. Por su experiencia como usuario debió saber qué sucedería.