La Trochita en duda por la falta de fondos
Según el gobierno provincial, se necesitan repuestos caros; además, una protesta genera dificultades
El emblemático tren La Trochita, una reliquia viviente de la historia ferroviaria del país, apagó sus locomotoras la semana pasada en medio de un incierto panorama sobre su futuro. La falta de fondos para reponer sus repuestos, construidos de modo artesanal con matrices propias por operarios especializados, y la imposibilidad de trasladar los vagones a los talleres de El Maitén, por una protesta de pobladores mapuches, son las dos razones que siembran dudas sobre su futuro. Según el gobierno de Chubut, el reclamo ya llegó a la administración nacional: hace dos meses, le entregó al ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, una nota en la que se detalla la inversión necesaria para la integral puesta a punto del tren. “La estimación es de 20 millones de pesos. No se necesitan todos estos fondos para funcionar, pero sí para mejorar toda la estructura”, explicó el gerente coordinador del Viejo Expreso Patagónico, Bruno Peláez. Consultado por este diario, Dietrich respondió: “Tuvimos reuniones con los responsables de la operación de La Trochita y nos comprometimos a aportar material ferroviario para garantizar la continuidad del servicio. Lo mismo hacemos con otros trenes, sobre todo turísticos, gestionados por gobiernos provinciales o municipios. No está previsto realizar un aporte económico, solo de material ferroviario si es necesario”. Con sus máquinas Baldwin y Henschel y vagones fabricados hacia 1922, la actividad de La Trochita fue intensa desde su viaje inaugural en 1945 hasta fines de la década del setenta. En esos años, una o dos formaciones diarias -que transportaban cereales, cueros, maderas y lanas- partían desde Esquel. A pocos kilómetros de esta localidad, tenía una parada obligada en Leleque, en el latifundio de la compañía inglesa Argentine Southern Land Company. En la época de la zafra lanera cargaba miles de toneladas y gran cantidad de vagones se dirigían hacia la estación de Ingeniero Jacobacci, desde donde el cargamento era trasladado al ferrocarril trocha ancha con destino al puerto de Buenos Aires. Pero a la altura de Leleque, hoy el escenario es otro (ver aparte). Una obstrucción en las vías por “un reclamo territorial” de pobladores mapuches a los empresarios Benetton, dueños de los campos del lugar, “no nos permite llevar los vagones y locomotoras a los talleres de El Maitén. Por imágenes que hemos visto, allí hay piedras. Estamos a la espera desde febrero de una resolución judicial de este conflicto a partir de una denuncia que hemos presentado antes el Juzgado Federal de Esquel”, relató Peláez. Este ferrocarril a vapor ocupa un espacio central en la oferta turística de Chubut. Único en el país por sus características, hasta el cierre de las vacaciones de invierno, mantuvo salidas diarias desde Esquel hasta la estación Nahuelpán y, con otra locomotora, desde El Maitén hasta Paso Tomé. “Estamos abocados a realizar todas las tareas necesarias para volver a salir en el corto plazo y retomar los recorridos. Sin embargo, para ello tendremos que trabajar sobre la puesta a punto del tren. Actualmente esas condiciones no están dadas”, aseguró el funcionario. La Trochita tiene una larga historia de supervivencia: en 1993, se salvó de un plan de racionalización y cierre de ramales poco rentables. Un año más tarde, el gobierno de Chubut se hizo cargo del sector del ramal comprendido entre El Maitén y Esquel, como así también del circuito turístico Esquel – Nahuelpán. El Viejo Expreso Patagónico paga hoy, desde allí hasta ahora, el resultado de la desinversión. “Tiene piezas que dejaron de fabricarse. Los vagones se han ido desgastando a lo largo de estos años y muchos de los repuestos los fabricamos nosotros mismos porque son de la década del 20. Ya no existen matrices para su creación”, explicó Peláez. La falta de repuestos en stock y la imposibilidad de llevar las locomotoras a los talleres siembran dudas sobre la reactivación de los motores. Hasta las últimas vacaciones de invierno, el tren salía dos veces al día para cubrir el tramo Esquel-Nahuelpán. Con otra locomotora cubrió las frecuencias desde El Maitén a Santo Tomé. “De las cuatro locomotoras que utilizamos una precisa urgente de asistencia y arreglos en el taller”, dijo el gerente. Los vagones suman 15 entre las dos estaciones y para su equipamiento “usamos materiales que también tienen un alto costo”, agregó. Con un futuro incierto, la continuidad de la historia de un tren único en el país pende de un hilo.