Observación de aves en Esquel
Una entretenida actividad que sugiere el paisaje natural de los alrededores de Chubut
Los primeros ejemplares de teros y bandurrias ya empezaron a mostrarse en el deslumbrante paisaje del noroeste de Chubut, para empezar a perfilar la temporada de observación de aves. La mejor época del espectáculo de colores y trinos estridentes transcurre entre fines de septiembre y mediados de enero y se puede disfrutar en los alrededores de Esquel, a través de las salidas organizadas por experimentados guías. Las especies acuáticas y sus nidos se hacen notar especialmente en la zona de lagunas, frecuentada por flamencos, biguáes, cisnes de cuello negro y los laboriosos macáes, que construyen sus nidos sobre el agua, sujetados a las ramas de la orilla. En la estepa suelen verse choiques y martinetas, mientras en el bosque andino patagónico es posible ser sobrevolados por bandadas de chucao y huet huet. Pero esta experiencia tiene lugar para más sorpresas. Es común que, mientras el ornitólogo transmite nociones acerca de vegetación y fauna autóctonas, ambientes naturales e historia, la charla se interrumpa abruptamente por el vuelo de un cóndor, la presencia de un martín pescador o el picoteo de un pájaro carpintero, que cava la corteza de un árbol en busca de alimento en un bosque de ñires y lengas. En las zonas cordilleranas cubiertas por la vegetación, donde las aves se mimetizan con el tupido follaje, lo más indicado es acallar las voces y aguzar el oído. Sin embargo, para no lamentarse después de una excursión por el Parque Nacional Los Alerces, conviene estar equipados con binoculares y cámara de fotos. En el momento menos esperado, sobre cualquiera de las escalas del sendero -como Puerto Chucao, el mirador de los rápidos del río Menéndez, Puerto Mermoud o el lago Verde- puede llegar a posarse un rayadito, un picaflor rubí, un pato de los torrentes, quetros, hualas o comesebos. A no preocuparse: dotados de una infinita paciencia, los guías ayudan a identificar cada especie con precisión.