Una propuesta turística diferente para quienes quieren disfrutar de uno de los principales atractivos de Argentina, volando durante aproximadamente treinta minutos.

Esquel, situado en la cordillera de la provincia del Chubut, no solo seduce a los viajeros con la tradición del té galés, con sus tortas y sus deportes de nieve, o con las caminatas por bosques vírgenes y la inmensidad de sus lagos, sino que desde 2018, los paseos en avión también se incorporan como una nueva propuesta para quienes deseen vivir una propuesta diferente.

Ésta experiencia de aproximadamente media hora, es un vuelo que se complementa con el resto de las riquezas de la región.

Todo se ve distinto desde el aire: las copas de los alerces del Parque Nacional Los Alerces –Patrimonio Mundial-; el glaciar Torrecillas, los cerros nevados, los viñedos, los campos sembrados; la inmensidad de los lagos; el paso presuroso de los ríos de montaña, como hilos serpenteantes que se precipitan raudamente en constante dinamismo.

En general, éstos vuelos son elegidos por aventureros, gustosos de las experiencias sensoriales diferentes; pero también turistas sin distinciones de edades, lo cual lo hace una excursión familiar. Incluso también por lugareños, nativos o radicados en la zona, que se conmueven al admirar los mismos paisajes que trashuman a diario, como una pintura cuyo marco es esta deslumbrante región.

Éstos paseos aéreos brindan además oportunidades ineludibles para registrar con cámaras de vídeo, tomar fotos e incluso con los teléfonos celulares, imágenes que sorprenden.

Todo lo relacionado con estos vuelos está asociado enteramente a la meteorología. En pos de un paseo seguro, antes de salir se chequea el estado de los vientos, la humedad, la temperatura. Si las condiciones no son las óptimas, los paseos se suspenden.

El otoño ofrece una paleta de colores inmensa con uno de los principales atractivos en los viñedos de la llamada “Ruta del vino”, luciendo verdes y marrones entretejidos. En invierno, se impone el blanco del paisaje de nieve. Primavera y verano, en tanto, desbordan de verdes en los pastizales y los campos sembrados. Asimismo, el vertiginoso andar de los ríos de montaña le dan una dinámica única al panorama haciéndolo irrepetible.

Un vuelo de bautismo dura completo una media hora, con chequeo del avión, puesta en marcha, carreteo y poco más de un cuarto de hora en el aire. La duración de los paseos depende del destino y el recorrido.

Los vuelos parten desde el Aeródromo de Trevelin, ubicado a unos 27 kilómetros de Esquel, aproximadamente a una media hora en auto.