Violencia de género, para el defensor no se probó el agravante
El jueves fue la tercera y última jornada de debate. Declararon los testigos de la defensa, se incorporó la prueba documental y se escucharon los alegatos de las partes.
La Fiscalía mantuvo su acusación por siete hechos con el agravante de las lesiones por el vínculo y por mediar violencia de género. El defensor rechazó todos los cargos, por considerar que es insuficiente la prueba y rechazó los agravantes. El imputado habló al final para afirmar que existió violencia de ambos. El jueves 19 a las 13 hs. el juez Hernán Dal Verme leerá la sentencia. Los alegatos comenzaron a las 12:30 y se prolongaron hasta las 15 hs. La Fiscal María Bottini analizó pormenorizadamente las declaraciones de los testigos, de la víctima y del imputado, contrastándola con el resto de las evidencias. Su análisis se enfocó en el relevamiento de elementos, a criterio de la Fiscalía, indicativos de la violencia de género. En este sentido la magistrada se refirió a una relación jerarquizada, desigual en la distribución del poder entre ambos, en la que Millahuala “claramente tenía un lugar de superioridad que ejercía a través de diferentes actos violentos” física, psicológica y económicamente. Bottini también propuso al juez que tenga a la vista los estándares probatorios que prevé la ley para estos casos, “el derecho a la amplitud probatoria para acreditar los hechos denunciados, teniendo en cuenta las circunstancias especiales en las que se desarrollan los actos de violencia y quiénes son sus naturales testigos”. La relación del imputado con la víctima se inició cuando ella tenía apenas 15 años y el 24. Según el relato de la joven, la violencia sobrevino muy pronto.
El agobio fue tal que en una oportunidad intentó suicidarse. Se salvó por la intervención médica efectiva. Este episodio extremo, a criterio de la Fiscalía, es demostrativo de la impronta que la violencia de pareja dejó en su psiquis. A partir de ese momento comenzó a recibir asistencia psicológica. En el juicio, las profesionales intervinientes dieron cuenta del miedo que la joven sentía, de la impunidad del agresor a lo largo del tiempo y de cómo esto aumentaba la sensación de impotencia y miedo de ella, produciéndose el círculo de la violencia. Vulnerabilidad, pérdida de libertad y de autonomía. Como suele suceder en los casos en los que se dan situaciones de violencia intrafamiliar, la víctima volvía porque estaba inmersa en esta situación, por su vulnerabilidad. La relación pasaba de la fase de acumulación de tensión, a la manipulación afectiva y de allí nuevamente a la violencia. En los lapsos en que estaba separada no llegaba a organizar su vida. La fiscal también se refirió en su alegato al aporte de la Lic. Magdalena Jenny del Equipo Técnico Interdisciplinario del Juzgado de Familia: ” Era claro el nivel de superioridad de Millahuala en la pareja. Él era el dueño de la situación. Existían en la pareja discusiones por cualquier cosa, él perdía el humor rápidamente, y se generaban las acciones violentas en el afán de Millahuala de mantener el control de la situación”. La profesional también se refirió a la superioridad del imputado frente a la víctima y a que era esperable una escalada de violencia debido a la alta vulnerabilidad de la joven. Con respecto la imputado, Bottini señaló que el ETI verificó que es impulsivo, actuador y que minimizaba las situaciones de violencia que lo tenían como protagonista. En el cierre de su alegato, la magistrada destacó la valentía de la víctima de seguir adelante pese a todas las adversidades buscando que se haga justicia.
La defensa
El abogado Daniel Sandoval desarrolló la defensa en torno a dos ejes centrales: atacar la suficiencia de la prueba para acreditar fehacientemente cada una de las conductas penales achacadas a su defendido y por otro lado poner en crisis las agravantes propuestas por la Fiscalía. En cuanto al primer eje, el defensor separó cada hecho procurando convencer al juez de la dificultad para alcanzar certeza exclusivamente con los elementos de prueba producidos en el debate en relación a cada uno de ellos interpretados individualmente. Fundamentalmente en relación a las amenazas, las desobediencias, las violaciones de domicilio, el robo del celular e incluso las lesiones. Puso énfasis en el cuestionamiento de la prueba en torno al hecho más grave. La fractura de costillas calificada como lesiones graves. La Fiscalía sostiene que esa lesión se produjo en el marco de un violento ataque del imputado a la víctima, de madrugada, en el lugar de trabajo de ella. Hay testigos de esa situación que expusieron sobre la magnitud de lo ocurrido. Lo que cuestiona la defensa es que el primer certificado médico emitido en el Hospital no da cuenta de la lesión. La médica solo realizó una revisación externa, la joven le manifestó dolor en la zona, pero ninguna lesión fue acreditada en el certificado. Recién al manifestar la persistencia del fuerte dolor, ante profesionales del SAVD, fue acompañada por una de ellas y se le realizó una placa radiográfica en la que se certificó la fractura.
Sandoval sostiene que esta situación al menos debe dar lugar a la duda del juzgador y favorecer al imputado. A sus ojos no quedó acreditada la correspondencia entre la agresión desplegada por el imputado y la lesión constatada, días después. En relación a los agravantes, Sandoval puso en duda que al momento en que se produjeron los hechos de lesiones (leves y graves) estuvieran conviviendo, es decir que a su criterio no estaría corroborado el vínculo. En la réplica la fiscal mencionó que la ley es explícita al señalar que no se requiere la convivencia al momento de los hechos. Dónde más se explayó el letrado es en torno al agravante de género. Planteó que podría caerse, dicho en otros términos, en una especie de batalla de los sexos. Un enfrentamiento entre hombres y mujeres donde los que están del lado de uno se colocan en contra del otro sexo, poniéndolos el letrado en términos de machismo vs feminismo. Pidió suma cautela del juez a la hora de analizar este agravante ya que a su criterio llevaría a penalizar situaciones que debieran tratarse en otros ámbitos. El abogado puso en consideración la falta de programas por parte del Estado para trabajar con los hombres educados en ambientes machistas, a los que no llega suficiente información sobre los cambios sociales en relación al rol de la mujer y del hombre en el ámbito de la pareja. Finalmente pidió la libre absolución de su defendido.